MANDALAS

En sánscrito, mandala significa círculo, en especial círculo mágico, pero en sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas, en el ámbito indo-budista y también en el Tibet lamaísta. En sentido propio son reproducciones espirituales del orden del mundo. La dirección hacia un centro tiende hacia la concentración y la meditación.

Como ayudas para la meditación, estas imágenes se designan con el nombre sánscrito de yantras. Se emplean en técnicas de visualización: después de contemplar largamente un mandala y memorizar sus intrincadas figuras, se cierran los ojos y se trata de representarlo internamente con todos sus detalles.

El mandala es ante todo un cosmograma, una proyección geométrica del universo entero en su esquema esencial. El mismo principio regula la construcción de los templos: cada templo es un mandala. Quien cumple el rito de circunvalación recorre el mecanismo secreto del mundo, hasta transfigurarse junto al sanctum sanctorum.

Pero no es solamente un cosmograma sino también un psicograma: el esquema de la desintegración del uno en lo múltiple y la reintegración de lo múltiple en el uno, en la consciencia absoluta, entera y luminosa, que tendría que brillar en lo profundo de nuestro ser.

En sus Memorias, Jung cuenta que durante la Primera Guerra Mundial empezó a dibujar cada mañana un mandala que —según él— reflejaba su estado de ánimo interno. Era como una radiografía de su psiquis, que lo iba conduciendo hacia una paulatina integración.

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